Una solera de hormigón extendida, nivelada y fratasada, a la que se añade una mezcla de endurecedores y aditivos sobre el hormigón aún fresco. El resultado: una superficie lisa, brillante y extraordinariamente resistente.
El hormigón pulido consiste en verter una solera, nivelarla y fratasarla, y a continuación aplicar endurecedores y aditivos especiales mientras el hormigón está aún fresco. El proceso culmina con un pulido mecánico que genera una superficie de alto brillo con propiedades excepcionales.
Es la opción preferida para interiores de viviendas, locales comerciales, oficinas y espacios industriales que requieren un suelo elegante, higiénico y sin juntas.
Soporta el tránsito intenso, la maquinaria pesada y el uso continuo sin deteriorarse. Es la opción preferida en industrias, talleres y espacios comerciales de alto tráfico.
Se puede colorear con pigmentos inorgánicos en una amplia paleta: desde tonos neutros y gris cemento hasta terracota, negro o incluso blancos brillantes para espacios minimalistas.
Con el tratamiento superficial correcto y un sellado periódico cada 2–3 años, el hormigón pulido mantiene su aspecto original durante décadas.
La superficie continua sin juntas no acumula suciedad ni bacterias. Se limpia con fregona y productos comunes. No requiere enceradores ni tratamientos especiales frecuentes.
Distribución uniforme dentro del encofrado para una resistencia consistente en toda la superficie.
Resiste el paso del tiempo sin perder propiedades estructurales ni estéticas durante décadas.
Alta densidad gracias a los áridos y la compactación. Menor porosidad = mayor resistencia.
Proporción mínima de huecos que refuerza la impermeabilidad y la resistencia mecánica.
Soporta cargas elevadas sin agrietarse. Ideal para garajes, talleres y zonas de alto tránsito.
El sellado final lo hace prácticamente impermeable, resistente a ataques químicos y manchas.
El hormigón pulido es la inversión más rentable para suelos interiores. Pídenos presupuesto.